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Addio Maestro, por Carlos Sáiz

Esta semana, uno de los padres de la Ciencia Política moderna, Giovanni Sartori, dejaba huérfanos a todos aquellos que todavía mantenemos algo de fe en la utilidad de esta nuestra ciencia, la Ciencia Política. Y es que esa confianza que mantenemos en ella, se fragua en las enseñanzas que autores como el Maestro Sartori nos han dejado para la posteridad a través de sus ensayos y reflexiones.

Conceptos como democracia, sociedad contemporánea, terrorismo o política, entre otros, no los entenderíamos hoy en día tal y como los concebimos sin la genial aportación del de Florencia. Su siempre acertado análisis, y con antelación, de la sociedad y su contexto histórico han puesto en situación a los actores sociales y políticos frente a los riesgos y amenazas que en cada momento se han podido presentar en nuestra sociedad. Además de su escepticismo y cautela en cuanto a la extrapolación de valores occidentales al mundo oriental, y viceversa. Esto, junto a sus tesis de control y regulación de los flujos migratorios, le valieron críticas desde los sectores más a la izquierda del espectro político. Democracia, pluralismo, libertad o tolerancia son valores que ha defendido en su obra y sobre los que ha puesto en duda su compatibilidad con el llamado multiculturalismo.

Defensor a ultranza de los valores de la sociedad occidental, basados en la democracia y la discusión política, que no la lucha política, siempre mostró sus reparos al proceso de unificación plasmado en la Unión Europea, advirtiendo que esta convergencia debía estar siempre regida por los valores europeos y occidentales al servicio de todos, y no por razones oportunistas que pusieran este proceso al servicio de los mandatarios europeos de cada momento. Nunca se le ha podido catalogar como un pensador que se haya regido por lo políticamente correcto, sino más bien como un teórico que ha defendido sus tesis sin complejos, y no situándose dentro del eje izquierda-derecha, como el bien decía: “A mi no me importa la derecha o la izquierda, sino el sentido común”.

Pero si ha habido un concepto que siempre ha estado ligado a Sartori, obviamente porque él fue su creador, es el del homo videns. Ese ser en el que se ha convertido el homo sapiens con la llegada de las nuevas tecnologías, sobre todo, tras la generalización de la televisión, lo que ha llevado al ser humano a perder su capacidad de razonamiento, a anular nuestro pensamiento abstracto, a guiarnos y centrar nuestro comportamiento en lo visual, en los estímulos que percibimos a través de la visión. Somos consumidores compulsivos de imágenes, llenamos nuestra memoria de imágenes y registros visuales, pero ¿entendemos realmente todo lo que vemos? ¿sabemos ir más allá de la mera imagen, sabemos encontrar el trasfondo de las cosas, somos capaces de reflexionar sobre lo que vemos? ¿hemos dejado el pensamiento crítico como un vestiigio de la raza humana? Esta es la crítica que hace Giovanni Sartori en su excelso libro a la dictadura de lo visual, la encargada de que el ser humano haya perdido su capacidad de decisión, de análisis, de desarrollar razonamientos lógicos, y dicho de otro modo, ha abocado al ser humano a estar bajo el influjo mediático, al control por parte de los medios de comunicación de nuestro pensamiento y poder de decisión. Además apostilló que Internet supondría otra vuelta de tuerca más a esta desactivación paulatina del razonamiento humano propio. Pero no hemos de extraer de estas afirmaciones que Sartori fuera un detractor de los mass media o que concibiera los medios de comunicación como algo negativo, sino todo lo contrario, creía en el poder propagador y generalizador de la cultura y el conocimiento al permitir el acceso de cualquier ciudadano a ellos, un poder que también podía, como toda herramienta, usarse para fines perniciosos para la sociedad.

Otra aportación suya que cabe destacar es a los modelos de clasificación de partidos, donde diferenció entre sistemas de partidos democráticos y no democráticos, y dentro de estos últimos propuso dos grandes grupos: sistemas de partido hegemónico, donde a pesar de existir “pluralidad”, un partido es el que ostenta el poder y la autoridad sin ser una amenaza para él en ningún momento el resto de formaciones, carentes de influencia y presencia pública, y sistemas de partido único, donde sólo existe un partido legal y reconocido estando prohibido el derecho de asociación política.

Seguramente, muchos no hayan oído hablar de este señor, ni vuelvan a escucharlo en su vida, pero tengan por seguro que día a día abordamos problemas o configuramos nuestras vidas en sociedad ayudándonos de enfoques y postulados que en su día planteó el gran Sartori. Yo, les animo desde esta columna a leer un poco sobre Sartori, y ya no leer sobre él, sino leerlo, sobre todo si queremos hablar de democracia con algo de base en foros públicos, cosa a la que últimamente somos muy dados en este país pero sin base. Les podrá gustar, lo podrán odiar, les dará igual todo aquello que propuso, pero una cosa es segura, nunca dejó indiferente a nadie.

Hasta siempre, Maestro.

 

Carlos Sáiz Carrión.

Graduado en Ciencias Políticas y de la Administración Pública. 

Graduado en Derecho.

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