Un reencuentro

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La vida no deja de sorprenderme. Hace unos meses, por circunstancias laborales, tuve que dejar mi trabajo que venía desarrollando desde hacía tres años en el Ayuntamiento de Torrent. Durante ese período conocí a muchas personas. Algunas de ellas, espero, para el resto de mis días. Pero algunas veces la comodidad, otras la carga de las ocupaciones diarias o las obligaciones familiares, han hecho que me olvidara, casi por completo, de las personas con las que trabajé, de sus circunstancias, de su estado de ánimo, de sus temores y anhelos en un tiempo tremendamente convulso y complejo. Ante esta actitud cuestionable, de pronto, una llamada, de un amigo con mayúsculas, del que fue mi compañero, no sólo de despacho, sino de fatigas: José Vicente Gallego. Desde que me llamó para colaborar en este medio me he replanteado mi actitud. ¿Por qué las personas tenemos tanta facilidad para desconectar de inmediato de aquello que nos ha unido durante meses y años? ¿Cuál es la razón que nos empuja a ello? Pregunta compleja donde las haya. Lo que sí sé es que cuando nos reencontramos con personas que admiramos, queremos y estimamos se nos abre el cielo de par en par, ese día luce como nunca y nos sentimos satisfechos de lo compartido y vivido juntos. Y así me siento ahora, porque esta web es el cordón umbilical con todo aquello que viví en Torrent. Por ello me siento profundamente agradecido y espero poder aportar algo a este proyecto.

Ahora bien, ¿de qué voy a escribir? Cada dos semanas intentaré hablar y tratar cualquier tema. El cariz político de esta web es innegable, pero en la actualidad se requiere ir más allá de la política. No digo que la política carezca de importancia. Lo que sí afirmo y sostengo es que la política no es la única ni principal realidad de la vida humana. Ortega y Gasset no se cansaba de repetir que un síntoma de incultura era verlo todo al trasluz de la política. Por desgracia, se ha constituido como una opinión firme en la calle que no hay otra forma de actividad y responsabilidad ciudadana que la que ofrecen los partidos políticos. Es más, y a pesar de la escasa confianza hacia la clase política, se cree que son los políticos los que pueden revertir la época de crisis que vivimos. Divina paradoja. ¿No resulta extraño que una sociedad fíe la solución de sus problemas a un colectivo que no le genera confianza? En los últimos meses estamos asistiendo a una recuperación de la fuerza y de la necesidad de la sociedad civil. Nuestro país carece de ella. La tuvimos, pero el relajamiento social la ha hecho desaparecer. Y es ella, precisamente, la que puede revertir la situación actual. La razón es muy sencilla: cada ciudadano es responsable con unos deberes y obligaciones claros en la sociedad civil. Cada cual es protagonista y corresponsable de aquello que hace y pretende. La complejidad de la sociedad actual requiere del concurso de todos. La política es sólo una dimensión más de las múltiples que confluyen en el tejido social. Así pues, como defensor de la sociedad civil y de las oportunidades que nos ofrece la complejidad social, intentaré acercarme a los diferentes aspectos que la hacen posible.

En definitiva, hablaré de aquello que nos afecta y que nos hace ser lo que somos. Desde los aspectos más destacados tras la lectura de un libro a acciones reseñables de personas, instituciones o colectivos. Con una mirada global a la vez que concreta; pero, sobre todo, crítica y radical. Crítica y radical desde un punto de vista filosófico. Crítica significa dar razones, mostrando y elaborando un hilo argumental claro y diáfano. Radical no significa extremista, todo lo contrario. Cuando en filosofía se menciona el concepto radical estamos queriendo decir, ir a la raíz de las cosas, a su génesis, es decir, a su nacimiento. La filosofía de Nietzsche es tan admirada y leída porque es, precisamente, genealógica. Cuando se va a los principios, se evitan dogmatismos y tergiversaciones. Esta es, pues, mi presentación ante todo aquel que decida adentrarse en mi escritura. Espero, estimado lector, que todo lo se vaya reflejando en este espacio cree un clima cálido y de reencuentro como el que estoy viviendo desde que José Vicente Gallego me llamó. Espero conseguirlo.

José Miguel Martínez Castelló, es licenciado en filosofía

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