Os Ancares gallegos

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La segunda colaboración para este espacio de ‘Lugares Cercanos’, de Torrent al Día, versa sobre una sierra enigmática y que, aún en pleno siglo XXI, guarda cierto carácter mágico, al igual que toda Galicia. Es la Sierra de los Ancares, Os Ancares en gallego, que se extiende por gran parte de los límites entre las provincias de Lugo y León, aunque hoy solo hablaré de Os Ancares, Galicia, que es la zona que he visitado y de la que puedo dar testimonio sin recurrir a la invención.

En concreto, hoy hablaré de O Cebreiro, Cabanas Antigas (Concello de Cervantes), la Ruta de los Tres Bispos y el Castro de Santa María, que son los lugares que, en los tres días que estuve, pude conocer. Aunque no forme parte de Os Ancares, también reseñaré Samos, que formó parte de mi visita a esta sierra.

Os Ancares, como bien hemos dicho antes, se sitúa entre Galicia y Castilla y León, en concreto entre Lugo y León, y goza de unos espacios repletos de picos y valles de una belleza indescriptible, tanta que, cualquier retrato que os haga en estas líneas se quedará corto. Así que mejor visitar esta zona en persona para dar fe de que no miento.  

Pues bien, vamos al lío. Dejando la A-6, Autovía del Noroeste, en Pedrafita de Cebreiro, tanto si decides ir dirección O Cebreiro como dirección Os Ancares, te das cuenta que la carretera ya es un preludio de que lo que vas a ver no es algo trivial. Concretamente, la dirección que tomé fue la de Os Ancares, ya que nuestro alojamiento, del que luego hablaré, se encontraba en Cabanas Antigas, en el Concello de Cervantes. Vía asfaltada, en muchas ocasiones con una anchura que hacía imposible el paso de dos vehículos a la vez, con el añadido de que uno de los laterales era un precipicio de algunos metros.

Pero el que algo quiere, algo le cuesta, que Zamora no se ganó en una hora. Además, estas carreteras son las interesantes, las que te curten al volante. Lo importante: vistas, paisajes y panorámicas de escándalo, para los que no conducen claro está. Es recomendable, y casi obligatorio, parar en los escasos apartaderos de las carreteras para embriagarse y disfrutar de todo lo que esta comarca te ofrece: naturaleza en estado puro, silencio sepulcral que solo rompe el mugido de alguna res, un color verde que te hace evadirte y desconectar completamente o los muchos arroyos y corrientes de agua que se deslizan por los valles.

Qué ver y hacer

Ruta de los Tres Bispos: esta ruta, que parte desde el Albergue Ancares, discurre por las laderas de las colinas que preceden al pico que le da nombre, Tres Bispos. De dificultad baja, dejando a un lado el tramo final de subida al pico y del que no puedo hablar puesto que no llegué a completar, te va mostrando el verdadero carácter de esta zona montañosa, con infinidad de vegetación todo el año, propiciada por la humedad gallega, y de su fauna; todo el recorrido planean sobre tu cabeza rapaces y cientos de pajarillos que hacen un paseo con banda sonora. También puedes encontrar reses que pastan a sus anchas por todo el camino y a las que tu presencia les es indiferente (así que, haz lo mismo, que su presencia te sea indiferente o, como mínimo, causales molestia cero si deseas fotografiarlas u observarlas).

Las vistas que ofrece esta ruta dan buena cuenta de la belleza de Os Ancares, y no me quiero imaginar la estampa que debe crear la nieve sobre estos parajes en época invernal. Después de un rato largo de leves subidas y bajadas por un camino cómodo, llegados a Campa de Tres Bispos, podemos recrearnos con más vistas de ensueño y descansar en sus rocas, avituallándonos, o empezar la subida al pico.

Cabanas Antigas:  esta aldea, donde nos alojamos, cuenta con apenas cuatro casas, literalmente, y una capilla de escasas dimensiones. Un lugar perfecto para descansar, desconectar y descubrir un silencio que, con toda seguridad, en toda tu vida has experimentado. Por su calle puedes encontrarte con mastines, un pastor alemán, vacas y algún burro, en concreto tres, que más allá de hacerte un primer reconocimiento, no van a molestarte ni lo más mínimo, todo lo contrario. Para mí, que los sonidos del campo me hacen sentir especialmente a gusto, el tintineo de los cencerros de las vacas me hacía estar en la gloria, o más allá. Además, los perros que habitan esta parroquia, protegen en la silenciosa noche de alimañas y otros visitantes noctámbulos, por lo que si León, el mastín que parece ser el jefe de todo aquello, ladra en medio de la noche, no te asustes.

Desde esta aldea también sale un sendero muy bonito, recomendado por nuestra anfitriona Jimena, que baja hasta el río da Vara. Un paseo muy agradable, sencillo y donde en algunos tramos la vegetación da testimonio de estar andando por un lugar especial y original, poco conocido, y todavía a salvo de la viralidad turística. En el camino cruzas dos regueiros de agua, con sus cascaditas de rigor, y al final puedes disfrutar de las aguas del río, que con su fluir pone un sonido in crescendo a todo el recorrido de ida.

O Cebreiro: la primera parada del Camino Francés en tierras gallegas, donde rara es la vez que no hay niebla (que le da al lugar ese carácter místico). Es el epicentro de las pallozas (que me perdonen los de Piornedo), que es una construcción prerromana de piedra con techo de paja. Entre sus atractivos, además de las pallozas, se encuentran su Iglesia de Santa María A Real, que guarda entre sus muros un Santo Grial, símbolo que Galicia ondea en su bandera, y que es a su vez la más vieja de todo el Camino Francés. Las vistas que te ofrece O Cebreiro te permiten divisar, a un lado Castilla y León y al otro Galicia, que se juntan en un mar de valles y picos que dan a esta comarca su histórico carácter de zona aislada e impermeable a lo exterior. Como curiosidad, Elías Valiña, párroco de este enclave, fue uno de los promotores y revitalizadores de las rutas peregrinas, lo que ha hecho que actualmente el Camino de Santiago goce de tal importancia y conocimiento a través del mundo. No podéis dejar de probar el queso de O Cebreiro, que es un queso fresco totalmente natural.

Castro de Santa María: situado en la parroquia de Vilaluz, Concello de Cervantes, este castro fechado entre los siglos I y II a.c. se encuentra junto a una ermita y un cementerio, que posiblemente se posen sobre los restos de una primera construcción y una necrópolis cristiana. Este conjunto alberga también restos de explotaciones mineras, lo que da su razón de ser a este poblado, que goza de un estado de conservación cuasi excelente. La verdad es que no pudimos verlo con detenimiento ni a conciencia puesto que eran las 16:00 horas, en pleno mes de agosto, y las temperaturas no acompañaban para quedarse mucho rato. Destacar que se ha instalado una plataforma que permite ver con una perspectiva aérea el yacimiento.

Samos: en 2020, de camino a O Cebreiro desde Monforte de Lemos, me topé de bruces, en medio de una carretera gallega, con un inmenso monasterio, la Abadía de Samos. La verdad es que me sorprendió salir de una curva, dentro de una población y encontrarme en una orilla de la carretera con este edifico tan espectacular, ahí, testigo del paso de vehículos, sin inmutarse. No pude parar a conocer este lugar porque iba con el tiempo bastante justo de camino a León entonces, por lo que en este viaje a Os Ancares, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, decidí seguir la carretera de O Cebreiro y visitar con tranquilidad esta obra maestra de arquitectura religiosa.

La belleza de este monasterio se puede observar desde diferentes puntos a su alrededor, pero el más adecuado y especial es al otro lado del río Sarria, en la ribera de cuyas aguas se sitúa este edificio (la Casa del Concello también se ha reservado un lugar estratégico frente a esta abadía y un balcón para observarlo). Como curiosidad, en uno de los laterales del monasterio se sitúa un pequeño surtidor de carburante que añade peculiaridad a este lugar.

Unos metros más para allá de la abadía, dos calles en concreto, se sitúa una capilla, la Capela do Ciprés, que es uno de los vestigios más antiguos de este complejo monacal, y donde se sitúa un árbol, que da nombre a esta edificación, cuya peculiaridad es que se cree que pueda tener 500 años. En su tronco hay una herida, tapada con una gran tela negra, que fue ocasionada por la caída de un rayo.  

Piornedo: como siempre, algo se me quedó por ver, y esta vez fue Piornedo. Otra capital de las pallozas, situada a las puertas de la provincia de León y que mi anfitriona me recomendó visitar. Por lo que, como es habitual en mí, hago mías las recomendaciones de mis anfitriones y os invito a conocer este enclave. Yo, por sacar el lado positivo, el no haber podido visitar Piornedo hace que, irremediablemente, tenga que volver a Os Ancares. Que fastidio (nótese la ironía).

Dónde comer o tomar algo

Como estábamos en un alojamiento de alquiler vacacional, los desayunos, comidas y cenas los teníamos cubiertos con una compra en un supermercado antes de adentrarnos en Os Ancares, pero eso no quitó que un día, el que visitamos O Cebreiro, Samos y el Castro de Santa María, comiéramos como Dios manda: de restaurante.

Aunque antes de la comida, en Samos, guiados por las recomendaciones de las redes, nos acercamos a un pequeño bar, Taberna O’Gayo, donde en su peculiar terraza, aderezada con el fluir del rio Sarria, pudimos tomar una cerveza, acompañada por una tapa que te daba a elegir su dueña. Nos decantamos por el raxo que, elaborado de forma casera, estaba para chuparse los dedos, y nos dio fuerzas para llegar a la hora de la comida.

Ya a la hora de comer, en Becerreá, y también movidos por las opiniones en redes, reservamos en el Restaurante Boavista. Menú del día. Marisco de primero: sin palabras (se me hace la boca agua de pensar en el plato de mejillones). Plato de carne de segundo: abundante y espectacular. Postre: inmenso y casero. ¿Por cuánto?, 10€. No hay más que decir. Ah sí, el nombre del restaurante no le puede venir más al pelo: comer en una terraza que es un balcón a Os Ancares, más que un privilegio. ¿Qué más se puede pedir? Buena atención y servicio profesional, que también.  

Dónde alojarse        

Como en mi primera colaboración, en el mes de diciembre, aquí sí que no admito discusión ni albergo ningún tipo de dudas. Cabañas Ancares, por supuesto. Es más, este viaje a Os Ancares surgió tras ver un reportaje de estos alojamientos hace más de dos años en televisión; se podría decir que sin Cabañas Ancares no habría habido viaje a este paraje.

Este conjunto de cabañas de montaña, equipadas con todo tipo de comodidades y servicios, se encuentran como espectadoras de primera fila del espectáculo que son Os Ancares. Las vistas que ofrecen sus habitaciones hacen que te sientas como si estuvieras en un paraíso natural, además de ser un elemento revitalizador para el despertar cada mañana. Nosotros en concreto estuvimos alojados en la Cabaña Esperanza que, equipada con cocina de leña y de gas, estufas de leña y eléctricas, así como una distribución de camas en dos pisos hicieron de este alojamiento una experiencia inolvidable. Su altillo, donde el dormir se convierte en algo único, le da a esta cabaña su carácter peculiar y original.

Su terraza, con vistas privilegiadas a las montañas lucenses, es el espacio idóneo para tomar algún aperitivo, o, sin duda, comer en un marco inigualable. O desayunar. Todo ello la mayoría de las ocasiones acompañado por León, el mastín de la casa y la aldea, que suele echar la siesta, pasar el rato o dormir a los pies de la casa. Todo lo que tiene de grande lo tiene de bueno. Que su apariencia gigantesca no te haga desconfiar, es dócil, amigable y le gusta mucho que le acaricien (ya te cortará el paso y arrimará su lomo a tus piernas para que le rasques). Además, están Niebla, un mastín blanco precioso y los tres burros de la casa, que están en su establo o en campo abierto: Sancha, Miro y Greta, que de vez en cuando te regalan un rebuzno que se oye en todo el valle. Todos ellos harán tu estancia mucho más especial.      

La atención por parte de su propietaria es más que exquisita, que te colma de ideas y sugerencias para pasar unos días inolvidables en este lugar mágico, además de estar en todo momento atenta y al servicio de lo que desees. Ha sabido conjugar a la perfección lo especial de este lugar cuasi aislado con todas las comodidades deseables en un alojamiento. Muy interesantes, parecían también, las nuevas cabañas que estaban construyendo cuando nosotros nos alojamos en agosto de 2021, y que tal y como he podido comprobar por redes ya están a plena disposición de los visitantes.

Carlos Sáiz Carrión

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