Carlos de Ciberdescans nos da los consejos infalibles para elegir el colchón correcto

El descanso suele pasar desapercibido, pero cuando se rompe, el día se vuelve cuesta arriba. El cansancio se arrastra de una hora a otra, la espalda protesta y levantarse con energía deja de ser lo habitual sin que sepamos muy bien qué ha cambiado. A veces la explicación está más cerca de lo que pensamos. El colchón, ese compañero silencioso al que no siempre le damos importancia, influye más de lo que parece en cómo amanecemos.

Para hablar de ello conversamos con Carlos, gerente de Ciberdescans, una tienda especializada en descanso con establecimiento físico en Villajoyosa y venta online. Lleva años viendo entrar a clientes con la decisión tomada y marcharse con otra idea en la cabeza. “No existen colchones universales. Existen personas distintas, con necesidades distintas”, resume.

Su primera recomendación no tiene que ver con marcas ni con materiales. “Elegir un colchón debería empezar por entender el cuerpo, no por la etiqueta”, dice. Cree que muchas compras se contaminan por el efecto contagio. “A veces alguien te cuenta que le fue genial con un modelo concreto y vas directo a por ese. Pero lo que a una persona le encaja, a otra puede que no le encaje”, advierte. “El descanso es individual, y si se olvida eso, se compra a ciegas”.

Cuando le pedimos el criterio que más se infravalora, señala el tiempo. “Un colchón lo usas cada noche durante años. Si lo eliges con prisa, lo pagas con noches malas”, comenta. También pone una cifra sobre la mesa. “La recomendación habitual es cambiarlo como máximo cada diez años por higiene y confort. Los materiales se degradan y, aunque parezca que está bien, ya no responde igual”.

La firmeza, explica Carlos, es uno de los aspectos que más confusión genera porque suele elegirse por costumbre o por tópicos. “No va de blando o duro, va de que el cuerpo quede bien alineado y cómodo a la vez”, señala. Para orientarse, recomienda fijarse en sensaciones muy concretas. “Si duermes de lado y notas presión en el hombro o en la cadera, normalmente el colchón es demasiado firme. Si, en cambio, te hundes y sientes que la espalda pierde apoyo o te cuesta girarte, suele ser demasiado blando”.

También sugiere una comprobación sencilla al tumbarse boca arriba. “La zona lumbar es clave. Si queda un hueco y notas tensión, falta soporte. Si el cuerpo no se adapta y te notas rígido, sobra firmeza”. En ambos casos, insiste en probar sin prisas. “Túmbate como duermes en casa, quédate quieto un par de minutos y luego cambia de postura. Cuando encuentras la firmeza adecuada, el cuerpo se nota estable, sin puntos de presión ni sensación de hundimiento”.

En medidas, Carlos detecta el mismo patrón una y otra vez. “Mucha gente repite el tamaño de siempre por costumbre”, comenta. Y lo plantea como una decisión que se nota noche tras noche. “Si hay espacio, ganar unos centímetros se traduce en más libertad de movimiento. En pareja se agradece muchísimo”. Sobre el largo es tajante. “Si los pies quedan al borde, vas a dormir encogido sin darte cuenta. Eso termina pasando factura”.

La ventilación también entra en juego, sobre todo para quienes se despiertan con calor o notan humedad en la cama. “Un colchón tiene que respirar”, explica. “El calor y la humedad no solo incomodan, también aceleran el desgaste”. Por eso menciona que ciertos núcleos favorecen más el paso de aire. “Los de muelles suelen ventilar muy bien porque el aire circula por dentro. Esto se nota especialmente en verano”.

En caso de alergias, explica. “Conviene comprobar que el colchón tenga tratamientos antiácaros y antibacterianos bien especificados y una buena capacidad de ventilación para evitar la acumulación de humedad. En algunos modelos de alta gama la protección está integrada en los propios tejidos, aunque no sean desenfundables. Con el uso se acumulan partículas microscópicas y, si el colchón no está preparado, los ácaros encuentran el entorno ideal”.

Por otro lado, el colchón no lo hace todo, afirma. “La base y la almohada importan mucho, puedes elegir un colchón excelente, pero si la almohada está vencida o no se ajusta a tu postura, vas a levantarte igual de mal. Muchas molestias cervicales vienen de ahí”.

Sobre el presupuesto, propone cambiar el enfoque. “Si piensas que te va a durar cerca de una década, dividir el precio entre los días de uso ayuda a ponerlo en contexto”, explica. “Más caro no siempre es mejor, pero lo demasiado barato suele salir caro si a los pocos años ya no descansas igual”.

“Más que mirar fichas técnicas, hay que notar sensaciones”, comenta. “El colchón se elige escuchando tu cuerpo, no con la opinión de otra persona”.

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